La reclamación más frecuente no es el accidente en sí, sino la forma en que las aseguradoras condicionan a los peritos para ajustar sus valoraciones a la baja. Esa imposición deja al asegurado indefenso: su indemnización no depende de los daños reales, sino de los intereses de quien paga al perito.
Cuando el perito no actúa con independencia, el asegurado recibe menos de lo que le corresponde y se ve obligado a reclamar una diferencia que nunca debió existir. Exigir peritaciones independientes es la única forma de devolver al asegurado la protección que la ley le reconoce.